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De niña soñadora a clínica dental: mi historia

28 de abril de 2024 · 8 min de lectura

Clínica de ortodoncia MG Ortodoncia Invisible

Mis padres, desde que tengo memoria, me llevaban a citas con el Dr. Raymond Pauly Sasso, un odontopediatra muy reconocido en Costa Rica. Tenía su consultorio lleno de títulos de universidades del extranjero, y yo lo miraba con una admiración enorme: ese hombre alto, un poco encorvado, que sabía todo sobre los dientes. Cada vez que me revisaba, me explicaba para qué servía cada instrumento. Me hacía sentir parte del proceso, no solo una pacientita con caries.

Desde entonces, lo primero que le miraba a la gente era la sonrisa.

Durante toda la escuela y el colegio, nunca dudé lo que quería estudiar. En 1984 entré a la UCR a estudiar Odontología, y desde ese día, supe que había encontrado mi lugar.

Mi primer encuentro con la ortodoncia

Cuando terminé la carrera, me fui a Cañas, Guanacaste, a hacer el servicio social. Ahí conocí a quien hoy es mi esposo, con quien llevo más de 30 años felizmente casada.

Al terminar el servicio social, surgió la oportunidad de hacer una especialidad en México. Me emocionó la idea, pero no sabía por cuál decidirme. Todo me parecía interesante… menos endodoncia, que me parecía algo muy monótono. Para encontrar mi camino, empecé a visitar consultorios de diferentes especialistas.

Periodoncia: muy invasivo para mi gusto. Odontopediatría: amaba los niños, pero sentía que faltaba algo. Hasta que un viaje a Panamá cambió todo. Conocí al ortodoncista de mi marido, me invitó a observar su consulta varios días, y fue ahí donde me enamoré. Ver cómo entraban personas con la sonrisa apagada y salían radiantes, confiadas, transformadas. Ver cómo unos “simples aparatos” les devolvían la seguridad en sí mismas.

Ahí supe: lo mío era transformar vidas.

Estudiar en el extranjero (con ayuda de Dios)

En Costa Rica no existía la especialidad de ortodoncia, y yo no tenía recursos para estudiar afuera. Pero algo especial pasó: recibí una beca completa para la mejor universidad de ortodoncia de América Latina, la Universidad Intercontinental de México. Casi tres años de mucho sacrificio, mucho aprendizaje, y mucha gratitud. Terminé mi Maestría en Ortodoncia y regresé a Costa Rica con las manos llenas.

De regreso, construyendo algo propio

Abrí mi consultorio en San Pedro. Poco a poco, gracias a las recomendaciones de mis propios pacientes, la agenda se fue llenando. Fui invitada a presentar casos en Congresos Nacionales. Me nombraron directora y fundadora del primer posgrado de ortodoncia de ULACIT, que armé desde cero: planes de estudio, docentes, estructura. Quería que los odontólogos costarricenses pudieran especializarse aquí, con la misma calidad que yo había vivido en México.

Más de 150 profesionales se han graduado de ese programa. Es uno de mis orgullos más grandes.

También formé parte de la Junta Directiva de la Academia Costarricense de Ortodoncia durante muchos años, organizando congresos para colegas de todo el país.

Pero con los brackets, algo me incomodaba: los pacientes se quejaban de que era difícil cepillarse, de restricciones en la dieta, de los alambres que a veces rozaban las mejillas. Yo quería más para ellos.

Cuando llegaron los alineadores invisibles

En 2008, Invisalign llegó a Costa Rica. Fui una de las primeras ortodoncistas en certificarme. Al principio los resultados no me convencían —solo funcionaban bien en casos sencillos— y fui perdiendo interés.

Hasta 2017, cuando me enteré de que Invisalign había reinventado su tecnología por completo. Nuevo material, nuevo software, nueva ingeniería. Eso lo cambió todo para mí.

Me metí de lleno: cursos, libros, congresos, un Máster en Alineadores con especialistas de Portugal. Empecé a tratar casos que otros colegas rechazaban hacer con alineadores, y los resultados me sorprendieron. Aprendí a ajustar los planes de tratamiento, a mover los dientes en el orden correcto, a anticipar cada resultado.

Hoy puedo mostrarte en una pantalla cómo va a quedar tu sonrisa antes de que empieces. Todo predecible, todo personalizado, todo pensado para ti.

¿Por qué me apasionan los alineadores?

Porque la ortodoncia invisible llegó para quedarse. Así como la telefonía analógica le dio paso a la digital, los brackets van cediendo terreno a los alineadores. La gente quiere mejorar su sonrisa sin que se note que está en tratamiento, y eso me parece completamente válido.

Para mí, esta técnica fue un renacer profesional. Me renovó. Cada día me despierto con ganas de aprender más, de mejorar más, de ver más sonrisas transformadas.

Eso es lo que hacemos aquí, en MG Ortodoncia Invisible: transformar vidas, una sonrisa a la vez.


¿Tienes preguntas o quieres saber si los alineadores son para ti? Agenda tu consulta y te cuento todo.